Bajo el ardiente sol de Sinaloa se cultiva el tomate de exportación.
Alicia tiene 12 años y desde hace 8 años no sabe lo que es reír a carcajadas ni correr por la playa, aunque vive muy cerca de ahí. Pequeña y delgada sostiene en su cintura una cubeta de 10 kilos, sujetada con un paliacate y un gancho, en la que deposita con cuidado los tomates tipo cherry.
Cada kilo de tomate cherry es pagado a un peso con 40 centavos. Pero la paga de lo recolectado en la semana por Alicia, entre 700 y 800 kilos, se le paga a su padre Erasmo, quien llega puntual los lunes a cobrar lo que cosechan sus hijas. “Es ilegal contratar a niños- explica el pesador que lleva la cuenta de la recolección n una lista.- por eso son los padres los que están anotados y son los que firman los recibos.
COMPLICIDAD OFICIAL
En la empresa LUCKI STAR MARKETING, por lo menos una docena de niños entre 8 y 14 años cortan baby bok choy, un vegetal parecido aun repotillo pero con sabor a brócoli. Hincado en los surcos, con un filoso cúter, Daniel corta con delicadeza la planta, selecciona las más ternitas.
Un estudio coordinado por la UNICEF realizado en 2006 en 23 regiones receptoras de jornaleros agrícolas, ubico a Sinaloa como la entidad donde más niños trabajan 31.4% de los que llegan con sus familias.
TRABAJADORES INVISIBLES
Lo peor que puede pasar en un campo de tomate en las raras ocasiones en que es inspeccionado es que aparezca ahí alguna huella de trabajo infantil. La impotencia de los programas de atención a niños jornaleros quedo en evidencia en el estudio coordinado por la UNICEF

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